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Aprovechando que llega el calor, no hay nada mejor que un buen vino blanco para ir introduciéndonos en la dieta típica del verano, como por ejemplo una paella de marisco como maridaje de este exquisito vino blanco con crianza en barricas de roble francés durante 8 meses en el Priorato, zona de grandes vinos tintos españoles.
Me dejó realmente sorprendido pues nunca había probado un coupage de vino blanco con tanta variedad de uvas. En este caldo nos encontramos con Garnacha, Viognier, Pinot Noir, Macabeo, Pedro Ximénez y Marsanne. Casi nada, todo ello muy bien compenetrado y elaborado. Tengo que decir que ha sido uno de los vinos blancos españoles que más me ha gustado y sorprendido, podríamos decir que estamos junto a un vino muy similar al Belondrade y Lurton en cuanto a cuerpo y redondez pero distinto en sabor pues el Belondrade es Verdejo, el único pero sería el precio unos 28€, que bien valen la pena pagar por degustar un vino blanco así.
Con solo saber de dónde sale este vino ya impresiona, su creador René Barbier llegó al Priorat, procedente de una reconocida familia de viticultores franceses, cuando los vinos de esta zona eran totalmente desconocidos. Él y un grupo de amigos, entre los que se encuentran grandes nombres como José Luis Pérez (Clos Martinet), Carles Pastrana (Clos de l'Obac), Dafne Glorian (Clos Erasmus) y, algo más tarde, Álvaro Palacios (L’Ermita), fueron los verdaderos artífices de la recuperación de esta pequeña denominación tarraconense, hoy admirada en todo el mundo.
Los vinos de René Barbier proceden de uva de cepas con un mínimo de edad y se elaboran en la misma finca con sumo cuidado, con extracción de una parte del jugo de la uva (con lo que se consiguen vinos muy concentrados), fermentación alcohólica, maceración y maloláctica en barrica y teniendo en cuenta las fases lunares (luna nueva) a la hora de embotellar.
Con todo esto os recomiendo que si tenéis la posibilidad de adquirirlo, pues su producción es muy limitada, lo hagáis y disfrutéis del momento. Cosas así hay que hacerlas por lo menos una vez en la vida.







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laciones, observar los viñedos y degustar sus vinos. Una vez finalizada la visita, tenemos una comida de la Asociación en el Restaurante Ginebre de Petrer.
